DEPENDENCIA SATELITAL: La dependencia satelital implica un traslado del dominio a una superpotencia con hegemonía generalizada (en nuestro caso, de una potencia media, europea, como Inglaterra, a los EE.UU.). Implica también un cambio en la naturaleza propia de la dependencia. Lo fundamental ya no es el intercambio desigual (que se mantiene) sino la dependencia financiera, además de la cultural y política. Se hacen inversiones de capital (primero industriales, luego financieras), aportes tecnológicos no integrados y tutela político-milita r, destinada a cumplir dos objetivos: mantener el predominio de la élite local sobre su propia masa y asegurar la dependencia intraimperial del satélite respecto de su metrópoli. Entretanto, se ponen en marcha todos los mecanismos de influencia cultural: acción de los medios de comunicación, películas, series de televisión, libros, servicios de «intercambio cultural», etc.; y para sectores escogidos de la élite y la subélite, la posibilidad de educarse y perfeccionar sus estudios en centros culturales de la metrópoli, hacer estadías de entrenamiento laboral, etc. La dependencia satelital es también una forma inestable y transitoria. El colapso del satelismo se produce del siguiente modo: se plantea una crisis en la situación interna del satélite porque su crecimiento económico y social es desigual e implica una creciente marginalización de las grandes masas. Hay deficiencias en las estructuras de abastecimiento de alimentos y de productos industriales; los costos industriales son muy altos y hay pocos ingresos para el Estado por el bajo nivel de actividad y el alto nivel de evasión impositiva. Hay una persistente falta de oferta de empleos, aún para la clase media urbana, lo que en algunos casos llega a incrementar la propensión revolucionaria de la contraélite, que debe ser controlada mediante una coerción creciente, por medio de dictaduras militares y regímenes fascistas, lo que, aparte del descenso moral del sistema, implica un gran incremento de sus costos operativos, que aumenta la necesidad de provisión de fondos desde la metrópoli y profundiza el endeudamiento del satélite hasta un punto prácticamente sin retorno. Allí la metrópoli decide no asignar más fondos para subsidiar al satélite, vía inversiones, préstamos o ayudas y la situación colapsa. Nuevamente, en ese momento de transición, aparece una posibilidad de autonomía, pero neutralizada por el altísimo endeudamiento y la acrecentada dependencia tecnológica. Lo más corriente es buscar una nueva forma, más equilibrada, de dependencia, la dependencia provincial.


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