EFECTIVIDAD POLÍTICA: En Ciencia Política, una pregunta básica con respecto al poder operante en toda síntesis política (al que podemos llamar autoridad, gobierno, soberano, estado, etc.) es la siguiente: partiendo de que esa autoridad tiene el monopolio del uso legítimo de la fuerza, es ese monopolio el que le da legitimidad? Si respondemos afirmativamente estamos considerando al poder (en definitiva, a la fuerza) como principio constitutivo de la política, y en tal caso habrá una exacta coincidencia entre la efectividad política, como capacidad de imponerse en la acción y de obtener los resultados prefijados recurriendo de ser necesario a la fuerza, y la legitimidad del poder, a tal punto que el poder que deja de ser efectivo deja también de ser legítimo. Si, por el contrario, respondemos negativamente, hemos de buscar otro principio constitutivo de la política, tal como el bien común o la conciencia social integrativa: el poder tendrá un carácter secundario, necesario pero no fundante, y la efectividad política se debilitará con él. Estas son las posiciones extremas entre las que no es fácil optar porque necesitamos que la política tenga un fundamento que no sea la mera fuerza pero también necesitamos que el poder tenga efectividad. Quizás una respuesta equilibrada sea la siguiente: el poder dotado de efectividad tiene necesidad de legitimarse según principios más elevados porque la legitimidad ética, al activar los mecanismos del consenso, reduce los costos de gestión del poder porque produce más obediencias espontáneas y permite utilizar para los fines propios del sistema social recursos que en otras circunstancias debieran reservarse para la coerción y la represión. Es en definitiva el problema que se conoce como «la ineficiencia de los autoritarismos». (D. Fisichella – 1990)


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