GOBIERNO DE EMERGENCIA: En situaciones normales, la tarea de un gobierno es organizar la búsqueda simultánea y compatibilizada de muchos valores, que configuran metas deseables para la sociedad. Esos valores suelen ser difíciles de armonizar (como ocurre, por ejemplo, con invertir para crecer y distribuir para disfrutar) y también hay disputas sobre los métodos de realización. Todo ésto frecuentemente genera situaciones de inmovilismo y conflictualidad paralizante. Estos problemas y conflictos desaparecen en situaciones de emergencia: un gobierno de emergencia es un gobierno que debe aplicarse a resolver un solo problema, a realizar un solo valor, ya sea vencer una invasión exterior, pacificar los conflictos sociales o vencer la hiperinflación, sin mayores preocupaciones por el costo de sus acciones: debe pensar en términos de eficacia y no de eficiencia. Quizás por ésto hay frecuentemente en los gobiernos normales una tentación de plantear emergencias, para superar el inmovilismo y la conflictualidad, y la vida política se convierte en un ciclo alternado de inmovilidad-conf licto/emergencia . Pero ninguna emergencia puede prolongarse sin corromper a la sociedad, por lo que ésta es una estratagema peligrosa. Ante un gobierno que se llama a sí mismo «de emergencia» o que actúa como tal, lo primero es preguntarse qué tan real es esa emergencia.


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