MITO POLÍTICO: Para G. Sorel un mito es «una organización de imágenes capaces de evocar instintivamente todos los sentimientos». No es un acto intelectual sino afectivo y volitivo, que se basa en la captación inmediata, totalizadora, sintética, de una «verdad» relacionada, decía Sorel, «con las más fuertes tendencias de un pueblo, de un partido, de una clase». Entraña un rechazo a las ideas, valores y sentimientos mediatizados por una elaboración intelectual, siempre susceptible de manipulación. Los mitos políticos son «ideas en pié de guerra», especialmente idóneos para sostener una acción política de masas. Su emergencia siempre se relaciona con períodos de crisis en la vida y en el pensamiento de las sociedades. Por más que se intente silenciarlos, los mitos siempre vuelven, convocados por las crisis recurrentes y las situaciones-límite que afrontan los hombres. El mito expresa un sentimiento de límite y de pasaje de una situación a otra. Sociológicamente, es un fenómeno vinculado a procesos de cambio social. La consideración del mito político en los trabajos de análisis político tiene gran importancia, pues permite acceder al imaginario grupal y detectar, no solo la situación vivida, sino también cómo es vivida la situación, es decir, las expectativas y temores que suscita. Incorporar el mito político al análisis racional de los factores situacionales significa aceptar una lógica de la ambigüedad y la incertidumbre: hay que hacerlo así justamente en aras de un mayor realismo, porque el mito es un elemento integrante, normal y no patológico, de toda situación social y política.


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