OBEDIENCIA: En una dimensión sociológico-política, la obediencia, es decir, la predisposición de los más a obedecer antes que a rebelarse, hace posible la generación de un orden político en el que la coacción opera solo por vía de excepción. Como es sabido, no hay régimen político que pueda sobrellevar la desobediencia prolongada de sus súbditos. Entre los motivos de la obediencia está la fuerte tendencia gregaria de los hombres, la búsqueda de seguridad, la idea de que se obedece para construir «un orden deseable», y la internalización del principio de la autoridad paterna durante la socialización primaria, que luego se proyecta sobre la autoridad política. En el marco de las estructuras del sistema político, obediencia es realizar la orden de un superior, lo que supone la existencia de un ordenamiento jerárquico y normativo. Se distingue la obediencia de ejecución (cumplimiento externo de lo mandado), obediencia de voluntad (identificación de la voluntad del subordinado con la del superior), y obediencia de entendimiento ( ver las cosas como las ve el superior). La obediencia plantea un problema de responsabilidad legal, porque es causa de ininputabilidad si la orden es injusta pero el subordinado la cumple de buena fé. Si es consciente de la ilegitimidad de la orden (por ejemplo, cometer actos atroces o aberrantes) entonces es cómplice. El tema alcanza máxima gravedad en la disciplina militar y en la comisión de los llamados «crímenes de guerra». Es un tema cuyos límites no son nada fáciles de dilucidar.


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