OLIGARQUÍA: En la clasificación aristotélica de los regímenes políticos, una de las formas puras es la aristocracia (gobierno de los mejores). Su forma corrupta correspondiente es la oligarquía (gobierno de los pocos). Esos pocos han dejado de ser los mejores, porque no se ocupan de los intereses generales y atienden en cambio sus intereses particulares. En nuestro siglo, la expresión se difundió luego de los trabajos de R. Michels sobre su «ley de bronce de la oligarquía», los que mostraron que aún en instituciones populares y de masas, como los partidos socialistas, existe una fuerte tendencia oligarquizante en la dirección de sus organizaciones, que procura convertir una labor de servicio al grupo en un patrimonio personal y hereditario. La característica básica de la oligarquía es la concentración del poder político en manos de unos pocos, que obtienen de ello muchos beneficios personales, y la exclusión de la mayoría de los ciudadanos de las actividades públicas. Todos sabemos que siempre es una minoría la que gobierna, pero en las democracias que funcionan como tales, esas minorías necesitan la aceptación y la confirmación de las mayorías populares, lo que permite establecer una diferencia marcada entre las «oligarquías que se imponen» y las «oligarquías que se proponen».


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