RECTITUD: Es uno de los ocho valores políticos básicos mencionados por Lasswell (poder, ilustración, riqueza, bienestar, habilidad, afecto, rectitud (que incluye la moralidad y la justicia) y deferencia (o respeto). Como es sabido, las relaciones entre política y moral son muy difíciles (dramáticas, según algunos; trágicas, según otros). En política, curiosamente, este valor de la rectitud es ambiguo y entraña serios riesgos. Puede convertir la convivencia en un juego de suma cero, por ejemplo, si en un conflicto entre dos ideologías igualmente intolerantes, cada grupo, en nombre de su concepción de la rectitud, llega a considerar al otro como digno de represión, expulsión o asesinato, por hereje, traidor a la Patria o enemigo de clase. Puede, en cambio, convertir a la convivencia en un juego de suma variable, beneficioso en definitiva para todos, si la tolerancia de la sociedad permite encontrar acomodo a diversas concepciones de la rectitud. Es un problema capital para la política hacer posible que» la gente actúe rectamente en términos de su propia conciencia, en una sociedad donde no todos comparten la misma concepción de la rectitud» (Deutsch). Esto es decisivo para las sociedades modernas, cuya complejidad hace imposible la pretensión de establecer de algún modo la unanimidad valorativa. Otro aspecto de la cuestión es que la concepción inflexible, excluyente, de la rectitud, al aplicar una lógica de «blanco y negro» tiende a considerar que la negociación y los arreglos políticos son inmorales, lo que hace imposible solucionar los conflictos.


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